Todos tenemos un secreto que por una razón u otra nos guardamos, y el mio siempre fue este, quizás por doloroso, y que ahora me apetece dejar para la posteridad o el olvido.....
Cuando mi familia vivía en una ciudad del Sur cuyo nombre prefiero obviar, yo ya estaba en la Marina, y por tanto, tan solo iba de vacaciones a verlos. Como no conocía a nadie, pues mi padre me comenzó a presentar a sus amigos, la mayoría armadores de barcos con mucho dinero, y yo era un simple marinero que no ganaba nada y que mi padre tampoco me daba mucho. Eramos cinco hermanos y un sueldo.
Cuando mi familia vivía en una ciudad del Sur cuyo nombre prefiero obviar, yo ya estaba en la Marina, y por tanto, tan solo iba de vacaciones a verlos. Como no conocía a nadie, pues mi padre me comenzó a presentar a sus amigos, la mayoría armadores de barcos con mucho dinero, y yo era un simple marinero que no ganaba nada y que mi padre tampoco me daba mucho. Eramos cinco hermanos y un sueldo.
El caso es que uno de ellos tenía una hija de 16 años, alta, esbelta, ojos azules, simpática, agradable, en resumen, el propotipo de mujer que todo hombre quisiera tener. Yo de aquella tenía 17 años, fue en Semana Santa. Ella se llamaba MARÍA.
El caso es que congeniamos muy bien y, mientras que los hijos de estos armadores vacilaban de dinero y de guapura, ella y yo nos manteníamos al margen porque yo no podía competir y ella pasaba de ellos y eso que no paraban de tirarle los tejos. El padre de ella siempre quiso que alternara con ellos y, aunque se llevaba muy bien con mi padre y conmigo, no me veía como novio de su hija, por que era marinero de poco rango, y sabía perfectamente que eso no daba para mucho.
Todo esto fue en una vacaciones de verano y al finalizar, y me tuve que ir a Vigo, por lo que quedamos en hablarnos y cartearnos un poco. Todavía no conocía a quien luego sería mi esposa, por que aun no había llegado a estar en Rota. El caso es que en las vacaciones de Navidad, volví para estar con mis padres, y a estar con ella, nos llevábamos muy bien y divertiamos de lo lindo. pasábamos unos ratos a las mil maravillas. Pasábamos de los armadores y de sus vaciladas, y hasta yo pasaba de chavalas que me tiraban los tejos, lo puedo asegurar, debí caer en gracia y hubo momentos en que llegaba de vacaciones y tan solo faltaba la banda de música (yo alucinaba por colores cuando iba) pero el padre de María no estaba muy de acuerdo con el tema, y, como digo, a pesar de llevarnos muy bien entre padres, y el conmigo, intentaba llevarla por otro camino. Yo, con esa edad inocente de mi, ni me daba cuenta, pero ella está claro que si se daba cuenta y no le gustaba el tema. Incluso tuvieron alguna pelea por este asunto.
Se acabaron las navidades y vuelta a estudiar, hablabamos un poquito, algunas cartas bonitas, yo muchas más a ella que ella a mi, por que decía que le gustaba escucharme aunque fuera por escrito, de ahí que me guste escribir, como esta. En fin, dos personas felices del mundo que teníamos. Yo, que era mal estudiante, y tuve que repetir, me aplique para salir cabo segundo y pedir destino Rota (ya empiezas a saber por que aparecí en el tren por aquí), lo tenía claro, por que asi podía ir a Huelva cada dos por tres.
“”Aprobe””, yo quiero destino Rota, me da igual el barquichuelo que me toque. Y alla voy yo destinado a Rota y en el primer fin de semana para Huelva. Ella contentísima, por que me vería más veces, ya que además como sería el tema, que yo cumplí los 18 años en febrero, y en junio ya tenía el carnet de coche con dos navegaciones por medio, y empezando a quitárselo a mi padre cada dos por tres. Escribiendo, todavía me acuerdo de aquella vez que estaba tan a gusto con ella, que se me paso la hora de irme y salia a navegar al día siguiente, y fui de Huelva a Rota con un temporal mayúsculo, que los coches se paraban en los arcenes por no poder circular, y yo aunque fuera a 40 Km por hora, sin prisa, pero sin pausa.
En una de estas veces que fui para la ciudad que estaban mis padres, con la mayor felicidad del mundo, por que iba a ver a la niña de mis ojos, todo había cambiado totalmente, el mundo se había puesto del revés, y yo me había perdido algo. María había dejado al grupo de vaciletas y se había metido con un grupo de drogadictos. Yo seguía con ella y el nuevo grupo, pero ya no era lo mismo, yo pasaba de drogas por que viviendo en Madrid fumaba porros, y mi suerte fue haber entrado en la Marina, ya que cada vez que iba de vacaciones, alguno de mis amigos estaba hecho polvo o había fallecido. Todo esto se lo hacia saber a ella pero pasaba del tema y decía encontrarse a gusto. También note que la relación con el padre era malísima, y en cambio él conmigo estaba mejor que anteriormente. Me pidió ayuda para su hija, me rogo y suplico que la sacara del grupo que estaba metida y yo me encontraba mal por que queria ayudarlo pero mi trabajo estaba muy lejos y además tenia navegaciones y no podía estar allí. Al fin al cabo, aspiraba a quedarme permanentemente. Tampoco me dijo nunca por que habían cambiado las relaciones entre ellos.
Seguí yendo a la ciudad de mis padres, pensando en la niña de mis ojos que tanto había cambiado. Seguía insistiendo con María en que dejara todo el nuevo mundo en que estaba metida, y siempre me decía que lo dejaría si yo estaba al lado suya, por que cada vez que me iba, ella se sumergía en la droga. Si digo la verdad, tarde mucho en darme cuenta de lo que me quería decir, y cuando lo hice fue tarde, tampoco pensaba remotamente en llevarmela con esas edades.
En unas vacaciones de Semana Santa, que me fui a ver a mis padres y a la niña de mis ojos, María entro en el hospital urgente por culpa de las drogas. El padre me rogaba siempre que hablara con ella, que no quería perderla y que le ayudara a recuperar a su hija aunque yo estuviera con ella. Yo hablaba con María y le prometía que si se ponía buena vendría todos los días que pudiera. El problema y mi desgracia fue que nunca llego a ponerse buena, y cuando le faltaba muy poquito de vida, tan solo me dijo que conmigo le hubiera gustado haber vivido toda su vida, pero que las circunstancias no lo permitían. Y me cojio mis manos se las puso en su cara y me dio un pikito por que quería un recuerdo mio, ya que decía “este pikito es lo mejor que me ha pasado en mi vida, y con un pikito seguro que alegras el corazón de cualquiera”. Y al poco tiempo falleció.
Yo lo pase mal, por que quizás no fui valiente para enfrentarme a una situación en la que el interés prevalecía sobre unos sentimientos de dos personas, quizás por la inexperiencia de la vida que aún tenía, pues con 17 años existen cuestiones que se quedan grandes. Supongo que este hecho me ha marcado bastante, en cuanto a agotar todos mis sentimientos puede que más halla de lo necesario, como de ayudar desinteresadamente a personas cuando viera que necesitaban ayuda en ese momento. Y así lo he hecho toda mi vida, cuando he visto a alguien con problemas e intentado ayudarlo, sin mirar lo que tenía detrás, o sin ver si había sido bueno o malo en otros momentos.... En mis sentimientos, siempre apuré hasta el último suspiro, sabiendo en alguna ocasión que me hacía daño, pero....
Dicen que el mundo lo mueve el amor y el dinero, siempre he creido y seguiré creyendo que son los buenos sentimientos, aunque la realidad tan solo me demuestre que lo mueve el dinero y el poder que ello conlleva.....
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