Me
dedico a divagar sin molestar a nadie,
con desvarios transitorios, o quizás permanentes,
pero
sigue siendo mi propia locura,
aquella
que nadie conoce, o que todo el mundo sabe.
Nunca
logré dosificar mis sentimientos,
por
que siempre iba a la máxima exponencia,
dando
razones a la sinrazón,
y quitándolas a la reflexión.
Ya
me dan igual los pensamientos de nadie, o de todos,
vivir
como si fuera el último suspiro de mi antigua vida vida,
o
el primer suspiro de mi nueva vida,
suspirar por algo, alguien o por mi mismo.
He
ido encendiendo velas a lo largo de mi vida,
pocas
velas por suerte o desgracia,
cada una con su propio aroma y forma de ser,
cada una con su propio aroma y forma de ser,
llegué
al éxtasis con todas, y al infierno con cada una de ellas.
Ahora una nueva fragancia a jazmín vuelve a mi alma,
con
la ilusión de que su aroma me lleve al éxtasis final,
que tranquilice mis desvarios,
que sosegue mis divagaciones...
que tranquilice mis desvarios,
que sosegue mis divagaciones...
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