En pleno atardecer apareciste un día,
reflejando una tierna y dulce belleza,
con gestos y miradas suaves como tu
piel,
me envolvías en un sinfín de
sentimientos.
Tímidas sonrisas fruto de la
incertidumbre,
se hicieron vibrantes carcajadas,
mientras ilusionaba mil amaneceres,
mientras pensaba en otros tantos
atardeceres.
El calor de tu esencia,
ha encendido la frialdad de mi alma,
y lo que tan solo parecía estrellas
fugaces,
se ha convertido en una explosión de
meteoritos.
A mi princesa Chipionera....
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