A
veces, pequeños hechos que no debieran de tener importancia por si
mismo, hacen que se descubran grandes incidentes y que salgan a la
palestra los más bajos instintos de personas a las que se estimaba
como buenas y honradas.
Es
cuando uno se da cuenta de que tanto pregonar la dedicación de esas
personas a los demás no lo es tanto, y que el interés propio es su
único camino, pisando si es necesario, arrollando si hace falta,
proponiendo sin sentidos, y ejerciendo el derecho de pernada cuando le
venga en gana.
El
punto fuerte, valga esta expresión, viene cuando se permite que
personas que han ejercido ese abuso de poder, de la manera que sea,
puedan tener opciones a seguir ejerciéndolo, ya que las personas que
pueden impedirlo también tengan sus intereses propios y, lo más
peligroso, que esos intereses sean similares a los de esas personas
que no debieran ser la voz y el voto de un grupo de personas a las
que representa.
Obviamente,
los potentados dirán que todo es fuente de la imaginación, pues
mientras no se demuestre lo contrario, cualquier cosa dicha será
verdad o mentira según interese, pero estas personas que han
depositado el voto en presuntas personas honradas y que deben velar
por el bienestar de todos verán un pequeño hecho o acción y
pensarán “será o no será”, verán dos y pensarán “que
casualidad, ya van dos”, pero verán tres o más, y la casualidad
comenzará a ser “una duda”, y esa duda es la que indigna a
muchos y cada día más, por que utilizando el símil sobre la mujer
del Cesar, “una persona no solo debe ser honrada, sino
parecerlo...”.
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