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jueves, 15 de diciembre de 2011

Los hijos de.... (1)


Aquel hombre se hallaba sentado en una de las mesas del exterior de un bar cualquiera, tomándose un café y saboreando el humo de un cigarro, mientras pensaba en las cosas de su vida diaria.

De repente aparece una señora bien vestida y aseada, de unos 40 años, a la que se notaba le gustaba cuidarse, y que el hombre había visto en varias ocasiones por el mismo bar sin haberle prestado, como en esta ocasión, atención preferente.

La señora pide un café y se sienta en la mesa contigua a la del aquel hombre pensativo, y al igual que él, saca un cigarro con la intención de fumárselo pero no encuentra el encendedor, decidiendo acercarse al hombre y pedirle fuego, quien amablemente le deja su mechero para que hiciera uso del mismo.

Pasan varios minutos, en los que cada uno tiene la vista y mente en sus propias divagaciones, cuando de repente la señora comenta en voz alta:

Que hijo de puta es” quejose ella.

Perdón señora” espetó aquel hombre, que no esperaba que ella hablara.

Nada, nada, me ha salido en voz alta”, respondió la señora.

Aquel hombre no le da importancia al asunto que le acababa de ocurrir y vuelve con sus pensamientos cuando, sin haber pasado un minuto aproximadamente, la señora vuelve a quejarse:

Por qué este tío tiene que ser tan hijo de puta” replica.

El hombre, que en esta ocasión escucha perfectamente el lamento de aquella señora, vuelve a preguntar:

¿Señora, le ocurre algo o es que me lo dice a mi?” manifiesta aquel hombre algo perplejo por lo que pasa.

Lo siento, es que no puedo más” responde aquella señora, cuyo dolor interior debía ser insoportable a juzgar por la forma de hablar.

Pues si le puedo ayudar en algo que no sea mucho pedir, dígamelo”, es lo único que a él le sale de su boca.

Es que me acabo de separar y mi marido está haciendo todo lo posible por poner a mis hijos en contra mía”, murmulla ella, para rematar diciendo “Yo quiero mucho a mis hijos aunque no quiera saber nada del tipo ese”.

Este hombre, algo turbado por todo lo que acontece y por su forma de ser, tan solo es capaz de confirmar lo dicho por aquella mujer maltrecha, comentándole que -“pues si que debe ser un hijo de puta”-, aunque con el cuidado de no saber realmente que es lo ocurrido en el matrimonio y cuales eran las causas de tal despropósito de pareja.

¿Tiene usted hijos?”, quiere saber la señora, como si pareciera algo aliviada por poder charlar con alguien, quizás más aliviada si cabe por ser un desconocido y no tener que despojarse ante familiares o amistades.

Pues tengo dos hijas ya grandecitas”, asevera el hombre, al que se le nota el orgullo de su respuesta.

Me va a perdonar,pero he quedado con alguien”, manifiesta él, pues no se siente con ganas de escuchar nada problemático, aunque lo halla hecho en muchas ocasiones...

. continuará

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