Nuestra vida está plagada de decisiones diarias en todos los ámbitos, bien personales, familiares o laborales, constantemente debemos decidir si algo está bien o está mal, y procurar escoger el camino que mejor nos convenga y no dañe a las personas que tenemos alrededor. A veces podemos posponerlas y otras veces evitarlas pero, por norma general, al final debemos tomar un camino u otro, y que dicha decisión tome su consistencia. Cada palabra que forma parte de esa decisión es un granito de arena, y cuyo resultado podrá ser un oasis idílico o volverse un siroco que arrastre a todo lo que coja por el camino.
“Toda
decisión implica un riesgo”
El
riesgo es necesario para desarrollarse, por que hasta de los fracasos
existe algo de éxito, ya siempre se aprende. El problema de esos
errores es la pérdida de credibilidad, de estima, la falta de
superación personal, y el desprendimiento social ante personas que
de un modo u otro consideras importantes en la vida. Si
bien el hombre, dicen, es el único animal que tropieza dos veces en
la misma piedra, también es el único animal capaz de utilizar el
uso de la razón para dar marcha atrás e intentar recuperar, en la
medida posible, los muchos o pocos éxitos cosechados, y aquellas
decisiones pasadas que no permitieron seguir adelante en algunos
momentos por ser errores sobre otras personas o hechos, muchas veces
por que se piensa que hablan desde muy lejos y solo escuchas a los
que están cerca, pero no siempre esa cercanía es la mejor o la
verdadera.
“No
se consigue todo lo que se desea, pero desea todo lo que consigas.”
Hay
que tener en cuenta que el riesgo en si mismo es bonito, ya que es el
preludio de una ilusión que pretende hacerse realidad, pero
procurando no caer ni hacer caer a nadie, ya que las cicatrices
morales son difíciles de curar, aún dejando para el olvido a
personas que durante largos o cortos momentos de tu vida fueron
importantes para tu felicidad. Analiza las palabras y las acciones
que hagas en cualquier ámbito de la vida.
“Si
en tu interior salieron preguntas, en tu interior deben estar las
respuestas.”
No
clames venganza sobre hechos que hagan daño, pues si llegas a tener
la virtud del enfado, podrías llegar a tener el defecto del
menosprecio sobre seres inocentes o sobre personas más o menos
importantes que tan solo pretendían ayudarte. Concédete el derecho
al fracaso, sin la necesidad de sentirte derrotado para que así
llegues a tener la virtud de ser feliz y, sobretodo, ser agradecido.
“La
felicidad ni se crea ni se destruye, tan solo nos empeñamos en
transformarla.”
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